Vida Saludable

Tu primer Día del Padre

Tu primer día del padre

Carta de una mujer a su compañero de vida, primerizo en las artes de la paternidad

Hola, amor:

Aprovecho que te encuentras recostado junto al regalo más grande que nos ha dado la vida para escribirte estas líneas. Sé que está agotado después de haber pasado tu primer Día del Padre jugando con nuestro bebé. Sé también que estos momentos a solas con él para ti valen más que el oro y, además, se ven tan lindos juntos que no quise interrumpirlos.

Pero no quiero dejar pasar la oportunidad de agradecer que seas mi compañero de vida y que hayas abierto tus brazos a esta nueva aventura llamada “paternidad“.

Muchas veces hablamos de tener un hijo, otras tantas pospusimos la idea. “No estamos preparados” o “no es el momento”, decíamos. Pero un buen día simplemente sucedió, y entonces comprendimos que ESE era el momento adecuado.

Para mí fue una revolución de hormonas que tú superaste estoicamente (aquí entre nos, ¡no sé cómo le hiciste!). Para ti fue todo un revolú de angustias… y de miedos.

Tratabas de ocultarlo, de hacerme sentir que todo estaba bien y que eras muy feliz… Y lo eras, pero también te asaltaba la duda de si serías buen papá, si podrías con todos los gastos que implica tener un bebé, si tendrías que trabajar más a cambio de menos tiempo para ver crecer a tu hijo.

En medio de todas esas emociones, estuviste ahí, cumpliendo hasta mis más extraños antojos de mango con crema de cacahuate, en cada ultrasonido y, por supuesto, durante el parto.

Jajaja, déjame decirte que en medio del dolor que prácticamente estaba partiendo mi cuerpo en dos, tú fuiste lo más divertido. Me encantaron tus nervios por ir de prisa en el coche para llegar al hospital, la forma en que le anunciabas a todos que pronto serías papá y, por supuesto, tu asombro, palidez y el llanto de felicidad cuando nuestro pequeño llegó a este mundo. ¡Nunca lo voy a olvidar!

Desde entonces nuestro bebé ha sido tu motivo para luchar cada día. En ocasiones aún veo tus ojeras de preocupación por que nada le falte, pero también veo ese brillo de alegría en tus ojos cuando imaginas que ese pequeñito de la cuna mañana te acompañará al estadio a ver a tu equipo favorito o que llegará a ser más alto que tú (y no sólo en estatura).

No me has ayudado, no, porque sabes que no se trata de que papá “ayude” a mamá con el cuidado del bebé. Nuestro bebé es de dos y entre dos compartimos su crianza. Esos momentos, dicen, los recordarás para siempre y agradecerás no habértelos perdido.

Me encanta saber que nuestro hijo cuenta con cuatro brazos para cargarlo, asearlo y abrazarlo cuando llora; también tiene dos corazones que lo aman más que nadie en el mundo y dos cerebros que, en la medida de sus posibilidades, siempre velarán por él.

A base de ensayo y error hemos aprendido juntos lo que es la paternidad, y creo que nunca terminaremos de aprender. Bien dicen que no hay escuela que te enseñe a ser papá o mamá, pero que cuando nace tu primer hijo y, sobre todo cuando lo crías, adquieres el título más importante que te da la vida: PAPÁ.

¡Feliz primer Día del Padre!